ERASE UNA VEZ UN REY……………………….
En un lejano País de oriente había un Rey al que su pueblo amaba profundamente y con una devoción sin límites a la que el Rey correspondía ocasionalmente con algunas prebendas.
El Rey fue envejeciendo, como cualquier otro mortal, y se fué rodeando de otros Reyes, Condes, Duques y cortesanos de medio pelo, a los que invitaba a sus cacerías y comilonas.
El pueblo empezó a sentirse abandonado por aquel Rey al que tanto amaba y empezó a crearse un mal estar en todo el reino.
El Gran Tamerlán advirtió al Rey del descontento del pueblo y que tendría que tomar medidas para apaciguar aquel malestar, con objeto no desenvocase en una revuelta en todo su extenso reino.
El Rey tomó medidas. Convocó a todo su pueblo en la plaza frente al Palacio Real y les arengó con la siguiente promesa:
……….. ciudadanos, querido pueblo, para que veaís que os quiero, dentro de unos días os invitaré a todos y cada uno de vosotros a efectuar un largo paseo en el yate real.
El pueblo alegre, confiado y contento se retiró a sus casas en espera del prometido paseo.
Pasaron las semanas, los meses, los años y aquel prometido viaje jamás se hizo realidad. El pueblo triste por aquella falsa promesa de su Rey se sumió en la pena y el desconsuelo.
El Gran Tamerlán advirtió nuevamente al Rey de que se notaba una dejadez y tristeza en el pueblo.
El Rey nuevamente dio orden de reunir al pueblo frente al palacio y les arengó de nuevo:
…………. Querido pueblo, se que estáis tristes, pero debo deciros que estoy preparando una gran comida en mi Castillo que está, como sabeis, en la montaña más alta del País, en la que estáis invitados todos.
El pueblo contento y conformado se retiró a sus lares.
Pasaron nuevamente, semanas, meses, años y aquella prometida comilona jamás se llevó a efecto.
El pueblo siguió cada vez más triste.
Entretanto, el Rey se seguía reuniendo con otros Reyes, Condes, Duques y cortesanos de medio pelo, para correr sus cacerias y comilonas.
De nuevo el Gran Tamerlán advirtió a su amo el Rey.
- Señor, el pueblo empieza a dejar de amaros.
- Bueno, respondió el Rey, pero que quieren de mí, esa chusma ?
- Que cumpláis vuestras promesas, Señor.
- !Ah!, déjame de zarandajas. Yo el Rey, no estoy al servicio de nadie.!
-Señor, la palabra de un Rey es sagrada.
Ante esta andanada de su Gran Tamerlán el Rey accedió nuevamente a congregar al pueblo.
…………… pueblo amigo y estimado os prometo que en breve haré una gran comida para todos en la Plaza de mi Palacio Real.
Naturalmente, la promesa no se cumplió.
Esta triste historia se repitió en infinidad de ocasiones, con lo que el prestigio del Rey quedó totalmente desacreditado.
El pueblo se sumió en la tristeza más absoluta, pero como buen Pueblo que era……………… siguió amando a su Rey.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
Octubre, año del Rey de 2005.